HISTORIA DE UN MUSEO. Parte II

El hotel atesora los recuerdos y las marcas de un pasado imborrable.Grandes arcadas daban paso al trayecto de circulación interna, un vasto corredor principal y puertas a los costados por donde se ingresaba a los dormitorios.  El edificio era atravesado por una enorme galería de paredes azulejadas, en donde chocaba la luz del sol que entraba tímidamente a través de los magníficos ventanales. 

Dejar el hogar, el techo, la familia fue un proceso que arrasó con sentimientos muy arraigados a la tierra natal. El despojo no fue fácil. Sin embargo, allí encontraron una morada donde permanecer y afianzarse a los nuevos vínculos que poco a poco, empezaban a forjarse. 

Amanecían muy temprano con el café con leche, mate cocido y el pan horneado que fabricaban allí, aromas que hoy se sienten en cualquier esquina de Buenos Aires. Las mujeres se dedicaban a la higiene de los niños, y esperaban el destino definitivo, mientras los hombres gestionaban su oficio en la oficina de empleo en el mismo edificio.  Fueron cientos, miles que empezaron a tejer una trama de historias en este suelo, donde parieron hijos, nietos hasta tataranietos, que llegaron desde tan lejos para anclar las esperanzas de un nuevo mundo, y en un abrir y cerrar de ojos, los vimos venir.   

En la actualidad en  el viejo Hotel del Inmigrante funciona la Dirección Nacional de Migraciones y el Museo del Inmigrante.  Av. Antártida Argentina 1355, C1104ACA CABA, Argentina
El antiguo Hotel de Inmigrantes fue construido en las inmediaciones del embarcadero del puerto de la ciudad de Buenos Aires a principios del siglo XX  por  el arquitecto Johannes Kronfuss

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